La noche comienza a caer sobre el desierto. De nuevo surge le nerviosismo de la noche anterior. Recogen sus pertenencias y se largan a caminar despiertos por el café.

-Cuentame lo del porno.

-Es una vieja fantasía mía, algo que quiero concretar desde hace mucho tiempo. Imagínate el contraste entre el pueblo de mierda donde vivía yo y esa imagen de la película “Cosas Peligrosas” de Private, donde actúa la borrega de la que te hablé.

La crotera donde vivía yo hacía demasiado contraste con el lujo, la opulencia, las mujeres alucinantes y bellisimas que allí se veían.  Además quería  vivir una aventura, no se, supongo que sentirme vivo. Y hace rato que vengo escuchando la historieta esta de venir a America como dicen los gringos, el sueño americano buey, como no. Así me largué. Cuentame tu.

-Yo vengo con un objetivo bien distinto, quiero fundar  mi empresa tecnológica en este país. Quiero contribuir al desarrollo de la humanidad. Quiero ampliar las fronteras de la ciencia o al menos de la tecnología. Ya te comenté acerca de la empresita de la cual soy socio allá en la Argentina, Tewok SRL. ¿suena fantasioso no es verdad?. Querér hacer algo fuera de lo común en nuestros paises de cuarta. Yo y mi socio lo intentamos, te lo aseguro. Adivina que. No nos fue bien. Nos fue para el orto mas iva pero saqué valiosas experiencias a pesar del dolor que implicó haber pasado más de tres años intentando hacer caminar algo que despues resultó ser un fiasco. Te he contado de nuestra oficina en la calurosa Concepción del Uruguay. Teníamos colgado allí un mapa de los EEUU que yo lo miraba constantemente. Soñaba con emigrar. Pero la decisión se aplazó hasta que me convencí de que no había nada más que hacer, que lo nuestro era inviable. Fue un descubrimiento traumático, doloroso, una mierda en realidad. Eso logicamente me generó una depresión que tuve que enfrentar solo, absolutamente solo. Duró la tormenta alrededor de un año. Yo traté de manejar la culpa que tenía de la mejor manera posible. Aquí los gringos dirían que estuve tratando de handlear  o de hacer un deal con la culpa que sentíamos, tanto yo como mi socio. Te repito que la experiencia, con todo lo traumática que fue no nos separó ni terminó con nuestra amistad, por el contrario, nos hicimos más amigos aún. Diego es un tipazo, no tengo nada para decir de el.

Dejaron momentaneamente de hablar, habían llegado a una zona bastante empinada y  rocosa. El esfuerzo de transponerla en la cerrada oscuridad de la noche los tiene ocupados un largo rato.

Sin mediar palabra, Tomás saca el GPS  y controla la posición. El otro ve en medio de la profunda oscuridad la pantalla incandescente y luminosa de LCD del adminículo. Ambos conservan el aparato con muchisimo celo. Perderlo, quemarlo o arruinarlo de alguna manera sería un grave y peligroso trastorno. Es su ventaja comparativa con otros grupos que han cruzado la cerca. La migra dispone igualmente de este y otros aparatos de ubicación y detección electrónica para localizar a los ilegales.

Una vez fijada la posición y oprimido el botón que saca  la distancia lineal recorrida en un período de tiempo dado se sientan a hablar en la oscuridad. La seca noche del desierto, sin luna y sin nubes les ofrece un escenario estelar, de otro mundo.  El mejicano se tira de espaldas en el suelo, no sin antes verificar que no haya escorpiones o tarántulas.  Deja a un lado la mochila Invicta comprada en Italia. Con el ojo aconstumbrado a la oscuridad rápidamente aparece ante  ellos la percepción de la tri-dimensionalidad del espacio. Perciben el volumen, la distancia, los vacios, la inmensidad. A lo lejos Venus titilando, la Estación Espacial Internacional orbitando la tierra, los satélites más pequeños girando a órbitas bajas y rápidas. Atónitos, ensimismados, sin hablar.

-Es tan hermoso..

Tomas no contesta. Su mente vuela. ¿Cómo es posible que en todos estos años no hubiera reparado en el cielo nocturno ni una sola vez?. Por un momento, justamente ahora, con la patrulla fronteriza tras ellos,  sienten que el momento es único, irrepetible. Ambos se proponen disfrutarlo, sentirlo, amarlo como si fuera el último de sus vidas.

-Que lindos cielos tienen los gringos!- una lluvia de estrellas fugaces los deja maravillados ante el espectáculo de la creación.

-¿Las ves?

-Nunca ví algo así..

Los coyotes aullan en la noche, por lo demás el silencio es casi total. La brisa nocturna, fresca se hace sentir.

-Hay buey, estoy tan contento de estar aquí y ahora.- las coordenadas de espacio y tiempo, las dos coordenadas de la realidad desaparecen en la noche del desierto y quedan ellos frente a la maravilla insondable del universo. Por un momento dejan de ser unos marginales excluidos de la sociedad, unos parias intocables de la modernidad. El hambre y la sed se aplacan misteriosamente.

-Ahora soy tan feliz, nunca pensé en encontrar algo tan bello aquí.

-Te das cuenta de que no somos nada-dice el argentino mirando el firmamento. La vía láctea se extiende como un cinturón blanco sobre ellos.

-No existimos, somos microbios de microbios y a pesar de ello nos hacemos problemas. Nos tomamos demasiado en serio. Incluso nos preocupa la opinón que los demás tengan de nosotros, como si alguien en este mundo pudiera darte la  aprobación final que necesitas para vivir. Una estupidez.

-Cuéntame más acerca de ese oficio de escritor que atesoras- pide el mejicano, a  sabiendas de que están retrasándose, perdiondo valiosos metros de trayecto hasta la Autopista 90.

-Pues bien, es una pasión como cualquier otra, como la que tu tienes con las mujeres. Me empezó desde chico, luego me alejé tontamente de los libros, algo que nunca debí haber hecho. Fue en mi etapa universitaria. Ahí perdí el rumbo. En realidad nunca quise ser abogado, al menos concientemente. ¿Quién en su sano juicio, a los 17 o 18 años quiere ser abogado? Si mi hijo me lo dijera pensaría que está loco. Es una profesión de mierda, enfermiza y patológica. Es una profesión innesesaria además.  Muchos como yó la eligen porque piensan que te asegura un buen pasar y bastante tiempo libre. Ni lo  uno ni lo otro es cierto. Al menos en mi caso no lo fue. A veces pienso en los millones de talentos que se pierden en el mundo desempeñando tareas jurídicas, rutinarias, repetitivas, y que no dejan nada para la posterioridad, cuando podrían estar volcadas hacia lo que nos hace humanos: la creación. Igualmente te digo que la única gratificación posible que tiene la profesión, además del dinero, obviamente, es la sensación, que se dá rara vez, muy rara vez, de que colaboraste para que se hiciera justicia.

-Volviendo al tema de la escritura, esos años inmerso en la profesión mas inmunda fueron una gran lección. Ensegida me ví envuelto en una rutina de la que no pude salir.

Una nueva seguidilla de estrellas fugaces cayendo en el cielo nocturno de Arizona, a 30 kilómetros de la frontera con México los tiene en vilo, extasiados unos minutos. Sin otro  apuro que el de escapar a la patrulla fronteriza, permanecen tirados en el piso.  Despues de que lograran pasar las cosas se irian dando, todo a su debido tiempo. ¿Llegaría el momento en que se separarían sus caminos? ¿Ahora que se reconocían como hermanos cósmicos?.

Esta noche están demasiado cansados como para seguir y el espectaculo es demasiado fuerte como para seguir. Deciden quedarse cerca de las rocas a pasar la noche, aún a riesgo de quedarse sin agua en los días siguientes. Según el GPS en un día tendrían que ver la autopista. Con la sensación de seguridad que da la previsión se quedan mirando el cielo hasta entrada la noche. Al amanecer buscan donde guarecerse del sol. Encuentran un poco más al norte una colina rocosa con salientes y entradas que hacen las veces de cuevas.

El sol sale rápidamente y cada minuto que pasan a la intemperie es un riesgo de ser detectados visualmente por la guardia fronteriza. Según les han dicho utilizan aviones a control remoto, del mismo tipo de que los de las guerras, para vigilar el desierto.  Vuelan tan alto que es casi imposible verlos a simple vista. Pero están allí, con potentes visores y cámaras. Listos para dar la ubicación precisa del ilegal. Una vez pasada la información es cuestión de minutos. Desde la central de Naccos sale un helicóptero con seis hombres, dos tripulantes y cuatro guardias. Llevan consigo un visor que recibe la trasmisión en directo desde el avión. Saben cuantos hombres son, si llevan bultos. Fuertemente armados con fusiles de asalto AK47, desembarcan a unos metros del lugar donde los intrusos se esconden tirados en el suelo tras las rocas y los cardos. Cualquier esperanza de pasar desapercibidos es una vana ilusión. Los guardias saben todas las tretas posibles. No hay escapatoria. En menos de cinco minutos son puestos bajo arresto y esposados. Con la cara en el polvo y las manos hacia atrás deben esperar a que los guardias, latinos como ellos, pero nacionalizados, se dignen a cargarlos al helicóptero o si son muchos en camionetas 4x4. Ese será su último día en la tierra de la libertad. A la noche un camión los depositará en el lado mejicano. Quedarán libres pero no  podrán ingresar legalmente a EEUU por más de 10 años porque su nombre figurará en las bases gubernamentales del Inmigration and Naturalization Service, conocido por sus siglas en inglés como el INS. El delito, como corresponde disimulado bajo la terminología legal, sútil pero concreto, y sucede en este mundo sera uno solo: ser pobre, ser analfabeto o ser ignorante. Los mejicanos ricos en cambio son los únicos que podrán pasar hacia el norte del Río Grande sin tener que preocuparse de que los pique una tarántula, que un escorpión los muerda o que una víbora cascabel clave sus colmillos en sus doloridas y cansadas pantorrillas.

Tampoco deberán preocuparse, estos pocos privilegiados, de que los guardias fronterizos de Naccos descarguen sobre ellos sus frustraciones y sus malos días con puntapiés en los riñones y coños y coscorrones en sus cabezas. Tampoco de que sus mujeres sean manoseadas por los de la migra, de uno o del otro lado.

 

No es problema del que deban preocuparse ahora. Si los agarras como están solos, lo peor que puede pasarles es que los golpeen un poco, pero nada más. Volverán a intentarlo. Ya lo han hablado y están de acuerdo en ese sentido.

 

-La guerra del futuro no es musulmanes contra occidentales. Es de ricos contra pobres y viceversa. Ojalá dicha guerra nos sirva como civilización y crezcamos.

-Lo único seguro en esa hipotética guerra es de que lado nos va a agarrar, si viene. Del lado más numeroso. Igualmente creo que si hay una guerra que vale la pena luchar es la de la igualdad. Acerca de este concepto he reflexionado largamente y he llegado a una serie de conclusiones- le dice abriendo su cuaderno impreso en una página marcada.

“a) La igualdad o la justicia no son naturales. En la naturaleza no hay algo parecido a la ley del karma o de las causas y los efectos. Un león se come una gacela. Uno siente terror, adrenalina pura circula por sus venas mientras corre por su vida con el enorme gato a escasos metros. El aliento fétido del felino se siente en sus rugidos, en su respiración entrecortada. El grácil animal herbivoro hace unos cambios de paso  pero es inutil, la suerte está hechada. De un solo zarpazo arrastra el fragil y liviano cuerpecito del infortunado alimento, cuyo único pecado a sido un momento, un instante de distracción. Alejarse unos metros más del centro de la manada es un error que no está permitido en la sabana africana. Se paga muy caro. Cuando la leona finalmente lo caza, mordiendo su cuello, ni siquiera siente dolor. Solo terror, pánico en su estado puro, lineal. No se puede pensar, solo se puede sentir que la expresión indiviudual de una forma de vida determinada se extingue para que otro individuo de otra especie, ubicado en el vértice de la pirámide de la cadena trófica se alimente. ¿Es eso justo? Es la lucha del fuerte contra el débil. Los humanos somos animales, ¿qué duda cabe?. Tenemos atemperados nuestros instintos asesinos y brutales, pero debajo de nuestra capa de civilidad ahí están agazapados, esperando a veces una vida entera para salir a la superficie, y matar, huir, robar, luchar por el alimento o por las hembras. ¿Es nuestra educación, nuestra cultura suficiente para atemperar nuestros instintos animales? Por lo visto no.

b) La igualdad y la justicia, la ética y la moral son invenciones, utopías humanas y sociales que vale la pena defender. Pero son utopias. Jamás seran perfectas. Siempre serán el débil intento humano de lograr lo que es atributo divino: la justicia perfecta.”

 

-Oye buey, esto está muy bueno, me gusta-el mejicano levanta la vista del anillado. Las hojas están marcadas por la suciedad de manos. Parecen haber sido repasadas muchas veces.

El sol ya está en lo alto y mucho más cansados que el día anterior quedan rendidos pocos minutos despues de tenderse en el suelo.

 

36

 

El despertador el reloj de Tomas suena a la hora fijada, puntualmente. Se levantan maquinalmente para seguir con la travesía. No se deciden a hacer café por miedo a los detectores de calor. La pequeña ornalla de campaña, con su spray combustible sigue guardada en la mochila. Se cargan las mochilas en las espaldas  y parten siempre en dirección al norte. La brujula la lleva Tomas. Las últimas luces del sol se ven hacia el Oeste, recortándose contra una serie de colinas que ven recién ahora.

 

Caminan desde hace más de 5 horas. El frio  cala los huesos. Marchan en silencio. Sus respiraciones agitadas despiden vapor de agua por sus bocas. Suben penosamente un escarpado. Tomás se resbala con una piedra y trastabrilla. Se sienta maldiciendo en voz baja su suerte. El mejicano lo mira. La noche es más oscura que las anteriores. No se ve gran cosa a una distancia de 20 metros. Se sientan uno al lado del otro. No hablan. Estan cansados y asustados. Miran alrededor y no se vé nada. La brisa nocturna suena con el polvo. En un momento se detiene. Todo está tranquilo. Es la hora muerta, entre las cuatro y las cinco de la mañana. Ambos se miran, buscándose los ojos en la oscuridad. Han escuchado algo. Y lo han hecho los dos, porque ambos se miran. No se atreven a hablar. Silencio. Más instantes de silencio. No se mueve nada. Otro rugido. Es un motor lejanisimo que acelera. No hay dudas. Se paran inmediatamente, con dificultad por el cansancio de las piernas.  Los cuerpos enfriados por el repentino descanso les duelen como nunca. El frio seco de la noche cala los huesos. Pero han sentido un gran motor   diesel acelerar en el horizonte y eso es lo que importa. Es un camión acelerando.   

-Tiene que ser la ruta o un camino vecinal- hablan casi con murmullos, muy cerca uno del otro. Se suben las pesadas mochilas a los hombros y a los corcovos siguen camino hacia el norte. El contacto de sus piernas con los vaqueros helados les hace soltar grititos involuntarios. La caminata es dura, hay muchos gijarros en el piso, del tamaño de una fruta grande. Una mala pisada y se pueden resbalar, doblándose los tobillos. El terreno sube, hay una pendiente bastante pronunciada hacia el norte. No se puede ver donde termina ni donde comienza. Así que deciden escalarla por lo más próximo. Sube primero Tomas. El mejicano lo sigue 5 pasos detrás. Se escuchan pequeños refunfuños del azteca mientras hace esfuerzos en las oscuridad por ascender. Sufre un pequeño resbalón y un monton de grava cae como una avalancha hacia abajo.

Hace más de dos horas que caminan por  la colina, totalmente destruidos por el cansancio. No han vuelto a sentir el rugido de ningun motor. Solo el viento que en la colina es mas pronunciado. Pero según la brújula van bien. Detrás de una  roca se abre un abismo. Deben parar para no deslizarse a un precipicio que se extiende a la derecha. No pueden seguir avanzando. El viento helado los castiga sin piedad. No saben que dirección tomar. El mejicano lo mira sin ver su rostro. Por el rabillo del ojo detecta algo fuera de lo comun, algún contraste con la oscuridad imponente de la noche. Si lo ha visto. A varios kilómetros una pequeña luz se vé en el horizonte. Es la autopista. Ansiosos esperan que la luz se repita, que pase otro auto o camión para ver sus faros. No pasa nada. Al cabo de cinco minutos no saben si han visto una aparición, un espectro o la luz mala del desierto.

Se están por sentar al lado de las mochilas que ya han descargado cuando en forma indubitable, total y certera ven dos pequeñas luces proyectarse en la inmensidad negra del desierto. Sin escuchar ningún rugido del motor ven pasar fugazmente otro vehículo en dirección contraria al primero. Se abrazan,  se funden en uno, con lágrimas en los ojos. Han logrado encontrar la autopista. Es hora de celebrar.

 

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